Rubén Herranz, profesor: “El edadismo ya existía en Egipto, Roma y Grecia; la antigüedad como época dorada de los mayores es un mito”

Hay papiros egipcios de hace 3.500 años que contienen fórmulas para luchar contra las arrugas o las canas; según el doctor en Derecho y Técnico de Estudios del IMSERSO, ya entonces existía la obsesión de parecer joven a toda costa
Por Terry Gragera
El edadismo no es un fenómeno de la sociedad actual; sus bases parecen más consustanciales al ser humano que al progreso y a una determinada forma de vida o de productividad. Así lo recoge Rubén Herranz González en su libro El edadismo en Egipto, Grecia y Roma, editado por el Imserso (Instituto de Mayores y Servicios Sociales), donde trabaja como Técnico de Estudios.
Este jurista y licenciado en Ciencias del Trabajo, además de profesor universitario, se doctoró en Derecho con una tesis sobre la discriminación jurídica y social de las personas mayores. Fue entonces cuando se dio cuenta de que muchos de sus compañeros, o incluso algunos tribunales, creían que el edadismo era una situación nueva que no existía en la antigüedad y que se remontaba, como muy tarde, a la Revolución Industrial.
“Algo que, además de no ser cierto, puede tener repercusiones legales importantes, como que para demostrar la existencia de discriminación exijan más requisitos que para otras discriminaciones consideradas ‘más antiguas’ o consolidadas”, señala. “Esto contradice la lógica de la protección de derechos, dificulta la defensa de las víctimas y perpetua la absurda idea de que el edadismo no es grave, normalizando una discriminación”. Fue lo que lo impulsó a investigar en otras culturas y a dar vida a un libro que pone al descubierto la realidad de los mayores en tres épocas “de oro”.
Su libro desmonta una idea generalizada: la de que la persona mayor y el anciano eran venerados en las sociedades de la antigüedad. El edadismo nos viene de muy lejos, entonces…
Sí, el edadismo —esto es, discriminar a las personas por su edad— es algo que existe desde que existe el ser humano, solo que lógicamente es difícil demostrarlo sin saber cómo pensaban y actuaban los seres humanos hace miles de años. Por eso lo he buscado en los primeros escritos. Sabía más o menos lo que me iba a encontrar, pero no pensaba que habría tantas evidencias ni tan claras. El estudio es rotundo: la antigüedad como “época dorada de las personas mayores” no es más que un mito.
Actualmente, situamos el paso a la edad madura a partir de los 60-65 años, pero al bucear en otras culturas, esa franja temporal siempre estuvo ahí hace miles de años. ¿Por qué casi no se ha movido, a pesar de la muy diferente esperanza de vida de distintas épocas?
Soy el primer sorprendido. Solemos decir que antiguamente se consideraba a las personas mayores a edades muy tempranas, y no es cierto. Hay constancia desde hace siglos de que algunas personas llegaban a vivir muchos años. Paradigmático resulta el caso del faraón Ramsés II, del que se cree que vivió 90 años, como atestiguan las pruebas que tenemos (incluida su momia). Sin duda, confundimos la esperanza de vida media con la esperanza de vida máxima. La mortalidad infantil era tremenda; la mayoría de los nacidos morían en los primeros años de vida y eso hace que estadísticamente la esperanza de vida media de la época sea muy baja, pero la esperanza de vida máxima era más o menos la actual, y algunas personas llegaron a ser centenarios, aunque evidentemente muchos menos que ahora. Lo de hoy es lo excepcional y un fenómeno bastante nuevo.
Como cuenta en el libro, en Egipto hubo que crear leyes específicas para proteger del abandono a los mayores y garantizarles medios de subsistencia. ¿Podríamos decir que fueron los precursores de las ‘pensiones de jubilación’ o de los servicios sociales?
Los egipcios tenían una figura enormemente curiosa que recuerda a los contratos de relevo para la jubilación, pero de hace unos 4.000 años, llamada el “bastón para la vejez”. Consistía en la sustitución de un funcionario de edad avanzada por otro que le asistía o reemplazaba, conservando el de mayor edad los privilegios y prerrogativas del cargo, pero realizando su subordinado (“el bastón”) las tareas físicas, y asumiendo este el cargo al fallecer el titular. Todo ello se hacía oficialmente e incluso requería el beneplácito del faraón. En cuanto a los precursores de los servicios sociales, yo hablaría más bien de la Grecia Antigua, donde existen numerosos indicios no solo de caridad, sino incluso de algún tipo de asistencia pública, tanto para las personas mayores como para otra población con necesidades sociales: personas con discapacidad, sin recursos económicos, huérfanos, etc.
La cifra ideal de longevidad para los egipcios eran los 110 años, pero querían llegar a esa edad como eternos jóvenes, pues entendían que la vejez era sinónimo de enfermedad y muerte. Por eso se esfuerzan en combatir arrugas, canas, alopecia… Una vez más, parece que el ‘mercado antiaging’ ya estaba inventado mucho antes que ahora…
Sí, es muy curioso. Hay papiros de hace 3.500 años que contienen fórmulas para luchar contra las arrugas o las canas, ya existía la obsesión de parecer joven a toda costa, incluidas “fórmulas mágicas”. Hay incluso quien dice que la base de algunos de estos ungüentos no difiere mucho de los que hoy se continúan utilizando.
Uno de los estereotipos más reconocibles como imagen sobre la vejez es el de una persona encorvada con un bastón. Podemos verlo en señales de tráfico hoy en día, pero lo que sorprende es que en jeroglíficos de hace 5.000 años usaran el mismo icono para representar a las personas mayores…
Que los egipcios representaran a una persona mayor encorvada y con bastón como parte de la representación del término edad y otros similares nos demuestra que la imagen estereotipada de las personas mayores, que desgraciadamente hoy todavía se tiene (como si todos tuvieran problemas de movilidad y de espalda), está profundamente arraigada en nuestra historia y nuestra cultura, y demuestra que el edadismo es un enemigo mucho más antiguo de lo que nos podamos imaginar.
Popularmente siempre se ha pensado que en la Grecia antigua los más mayores ocupaban puestos de alta responsabilidad, pero buceando un poco se descubre que no era así: es una sociedad que no se ocupa ni respeta a sus mayores y que mantiene algunos de los estereotipos y prejuicios que han llegado hasta hoy. ¿Por qué hemos avanzado tan poco?
Que estemos hoy hablando de esto, y lo tratemos como un problema, demuestra que hemos avanzado. El problema es que hace pocos años no es que no hubiera preocupación por el edadismo, es que ni siquiera había interés por estudiar a las personas mayores. Durante siglos solo contaba el hombre blanco de mediana edad. En mis conferencias suelo poner las representaciones de los libros de texto escolares que explicaban la evolución humana, y siempre reflejaban la evolución con la representación de hombres jóvenes o de mediana edad, ni siquiera parecían existir mujeres.
La influencia de la filosofía griega en el mundo occidental es muy notoria. Platón, que llega a los 81 años, defiende a los mayores y habla explícitamente del maltrato hacia ellos, negándose a asumir el edadismo de la época, mientras que su discípulo Aristóteles, que murió con 63, toma la postura contraria. ¿Cuál de los dos está más presente hoy?
Platón y Aristóteles representan dos estilos filosóficos opuestos y en esto de las personas mayores no se puede reflejar más claro. Mientras el primero es una rara avis que denuncia públicamente cómo se maltrata y discrimina a las personas mayores, el segundo tiene un discurso de profundo desprecio hacia la vejez. Ambos filósofos son imprescindibles para entender nuestro pasado y nuestro presente. Pero en este tema de la visión de la vejez espero que seamos más platónicos que aristotélicos.
Hace 2.000 años, Platón se plantea si las normas sociales de la buena educación, como ceder el asiento a una persona mayor, deberían entrar en el plano jurídico y ser de obligado cumplimiento. En todo este tiempo, nadie le ha hecho caso. ¿Estarían los mayores más protegidos si se hubiera llevado a cabo esta idea?
Platón se plantea si es una cuestión de educación o debe imponerse a través de normas. Y llega a la conclusión de que es mejor tratar de hacerlo a través de la educación de los jóvenes. Creo que es el planteamiento más acertado en su época y lo es también hoy. Soy jurista, pero creo que el Derecho no debe regular todas y cada una de las facetas de nuestra vida, y menos si se trata de sancionar. Hay que utilizar las sanciones solo en los casos más graves, y desgraciadamente en nuestra sociedad ocurren cosas mucho más graves que no cederle el asiento a una persona mayor. Y, en ese caso, una mirada de reprobación de otros viajeros o una petición amistosa en el autobús, puede ser más efectiva que una norma publicada en el BOE.
En Roma se comparte, en general, la visión negativa del envejecimiento de los griegos; sin embargo, se ha considerado siempre como la “época dorada” para los mayores, por una supuesta presencia mayoritaria de hombres mayores en el Senado romano. Pero tampoco fue así. ¿Han tenido más peso el cine y el arte que la historia en esta idea que ha llegado hasta nuestras ideas?
La idea de que era una “época dorada” para las personas mayores ha sido algo bastante generalizado, no solo por el cine o el arte, sino incluso por los investigadores hasta hace poco. Afortunadamente ya hay muchos historiadores españoles y extranjeros que desmienten con estudios y datos esta idea, por ejemplo, Tim G. Parkin en su magnífico estudio sobre la vejez en Roma demuestra que eso de un Senado compuesto por “ancianos venerados” es absolutamente falso. La riqueza o el pertenecer a ciertas familias tenía mucho más peso que la edad.
En la sociedad de la antigua Roma se documenta además una figura, la del estafador de personas mayores, que tampoco es exclusiva de nuestro tiempo. Eran los captadores o cazadores de herencias. ¿Estaban aceptados socialmente?
Ese es un fenómeno que está presente en numerosas fuentes de la época. Dada la libertad que existía para hacer testamento, debieron darse muchos casos de personas interesadas que trataban de ganarse la confianza de otros para que fueran nombrados herederos, con todo tipo de engaños, tretas e incluso falsificaciones. Y debieron de tener cierto grado de aceptación, lo que desgraciadamente no es de extrañar, pues incluso hoy no es raro ver que se ensalza a quien se aprovecha de otros, siempre que no seamos nosotros los perjudicados, claro está.
En estas sociedades antiguas, el edadismo hacia la mujer es muy pronunciado, pues se la considera casi exclusivamente desde el punto de vista reproductivo, por lo que a edades avanzadas ya no tiene interés para ellos. ¿En este aspecto al menos sí hemos avanzado?
Afortunadamente en esto se ha avanzado bastante, pero sigue habiendo situaciones injustificables. Las mujeres siguen sufriendo más edadismo que los hombres, aunque se exprese de una forma más sutil que en la antigüedad. Por ejemplo, la presión estética hacia las mujeres mayores sigue existiendo muy claramente, puede que incluso con más fuerza que antes, por no hablar del ámbito laboral. Se ha avanzado mucho, pero las mujeres mayores siguen siendo invisibles en determinadas cuestiones y a la vez tienen grandes presiones en otras cuestiones.
Fuente: La Vanguardia





