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La efectividad de las terapias no farmacológicas

España es el tercer país del mundo con más casos de demencia, por lo que apostar por la innovación en este ámbito es una obligación para el sector. Entre las medidas en auge para el manejo de la patología se encuentra el uso de terapias no farmacológicas y el uso racional y adecuado de los psicofármacos.

Debemos entender que, cuando hablamos de terapias no farmacológicas, nos referimos a intervenciones en las que no se aplica ningún agente químico. Es decir, que se diseñan en base a fundamentos teóricos y se pueden replicar en distintos pacientes. Esto es especialmente útil en enfermedades degenerativas como la demencia, donde no es fácil acertar con el tratamiento farmacológico debido, principalmente, a la dificultad de localizar el foco al que se debe atacar con medicamentos.

El empleo de terapias no farmacológicas permite reducir el consumo de fármacos en personas con demencia

Por este motivo, cada vez es más común el uso de terapias no farmacológicas en este tipo de enfermedades que suponen un progresivo debilitamiento de las facultades mentales y, en particular, en los pacientes que sufren Alzheimer. Es más, los resultados de las investigaciones realizadas han confirmado que la aplicación de estas terapias basadas en intervenciones psicosociales puede ser igual de efectiva, o incluso más, que las farmacológicas a la hora de mejorar la calidad de vida de estos pacientes.

Gracias a ello, en la actualidad existe un amplio catálogo de terapias no farmacológicas basadas en una gran variedad de actividades que implican, en mayor o menor medida, la propia participación de los pacientes en el proceso (algo que está condicionado también por el deterioro que estas enfermedades degenerativas hayan ocasionado en el sujeto). Entre ellas, destacan las siguientes:

Actividades vida diaria
Estas intervenciones persiguen mejorar el grado de independencia del paciente y disminuir la necesidad que tienen de otras personas o equipos adaptados para mejorar su calidad de vida y la de sus familiares. Así, se centran en las actividades comunes como asearse, vestirse, alimentarse o moverse.

Estimulación multisensorial Snoezelen
Esta terapia requiere de salas especializadas en las que se trabajan diferentes aspectos multisensoriales con el fin de experimentar una reacción en el paciente de relajación, descubrimiento e interactividad.

Terapia asistida con perros
El perro resulta el principal motivador de las sesiones terapéuticas, con las que se pretende obtener mejoras psicológicas, sociales, emocionales y cognitivas. Está dirigido a personas con diagnóstico de demencia que tuvieran interés y/o afecto por los animales, ya que está demostrado que esto puede influir positivamente en los comportamientos sociales y reducir las conductas agitadas de las personas con demencia.

Musicoterapia
Emplea la música y sus elementos de manera acorde a las necesidades y capacidades que mantienen los enfermos de demencia. Se crean espacios de diálogo, estímulo, creatividad y recuerdo para trabajar aspectos emocionales, sociales, físicos y cognitivos del paciente.

Programa de activación cognitiva integral
Persigue mantener las capacidades cognitivas lo mejor posible dentro del proceso de deterioro propio de la enfermedad, así como prevenir los problemas de conducta y servir de base para planes de apoyo psicoeducativos.

Estimulación psicomotriz
El paciente ha de diferenciar las partes del cuerpo y tener un buen control de las posturas para evitar que surjan rigideces. Se realizan trabajos que potencien la conciencia corporal (como el equilibrio estático y dinámico) o la coordinación, entre otros.

Danza creativa terapéutica
En este tipo de intervenciones, se emplea de manera psicoterapéutica el movimiento dentro de un proceso creativo con la finalidad de lograr la integración cuerpo-mente de la persona. Persigue activar el potencial creativo en cuanto a la orientación y la aceptación.

Algunas de estas terapias son aparentemente tan simples que puede parecer que carecen de efectividad. Sin embargo, como consecuencia directa de su aplicación a los pacientes que sufren demencia, estos experimentan un aumento de su autoestima y una notable mejoría en su estado de ánimo, algo vital a la hora de afrontar la enfermedad y frenar los daños causados en el cerebro. Y, además, con el beneficio extra de reducir el número de fármacos a ingerir.

Un artículo de Sanitas Mayores