Las infecciones suelen ser muy frecuentes en las personas mayores, sobre todo si tienen pluripatologías o fragilidad. Además, las infecciones en la tercera edad tienen una evolución tórpida, es decir, presentan mayor cantidad de complicaciones. Por ello, hay factores intrínsecos y factores extrínsecos que deben tenerse en cuenta porque favorecen que las infecciones en estas personas se compliquen.
Entre los factores intrínsecos están la edad, el debilitamiento del sistema inmunológico (inmunosenescencia), inmovilismo que produce sarcopenia, pluripatologia (Diabetes Mellitus, Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica –EPOC-, Insuficiencia Cardiaca Crónica –ICC-, Insuficiencia Respiratoria Crónica –IRC-, demencia…), elevada incidencia de desnutrición y envejecimiento de los diferentes órganos.
Como factores extrínsecos destacan el alto índice de hospitalizaciones (riesgo de infecciones nosocomiales), aislamiento social (malas condiciones higienico-dietéticas), aumento de frecuencia de procedimientos agresivos (sonda vesical-nutrición enteral) y ausencia de medios preventivos eficaces.
Las infecciones en personas de edad avanzada presentan mayor cantidad de complicaciones
 
Infecciones más prevalentes
Las infecciones más frecuentes en las personas mayores son las siguientes:

Infecciones Urinarias
Es el proceso más común en el anciano y la causa más habitual de bacteriemia. Su prevalencia en pacientes institucionalizados está entre el 20 y 50 %. Los factores predisponentes más usuales son la incontinencia urinaria/fecal, la instrumentalización de las vías urinarias (sondaje), la hipertrofia de próstata o los cambios postmenopáusicos que condicionan la flora vaginal.
Neumonía
Es la segunda infección en orden de frecuencia. Tiene una prevalencia de entre 20 y 30 %, y es la primera causa de muerte en pacientes afectados de demencia. Contribuyen a ello los siguientes factores: disminución de la movilidad ciliar, alteración del reflejo tusígeno, alteración de la deglución, desregulación del esfínter esofágico inferior que favorece el reflujo gastroesofágico, la edad que disminuye el PH gástrico y las enfermedades concomitantes (EPOC, diabetes, insuficiencia cardiaca…)
Infecciones cutáneas
Erisipela, celulitis y Úlceras por Presión (UPP) son frecuentes y de etiología polimicrobiana. El inmovilismo, las alteraciones circulatorias y la desnutrición predisponen a ello.
Infecciones del Sistema Nervioso Central (SNC)
En pacientes mayores de 50 años, el 56 % de las meningitis son adquiridas. En el anciano son generalmente por continuidad (sinusitis, mastoiditis y otitis) o por bacteriemia.
Infecciones Gastrointestinales
Las más comunes son la gastroenteritis, la colitis y la salmonella. Generalmente, las gastroenteritis son virales, debido a la gran facilidad de interacción entre los residentes se favorece su rápida propagación. Por otra parte se encuentra la colitis asociada a Clostridium Difficile, que está asociada al uso de antibióticos, alimentación enteral, administración de antiácidos y operaciones quirúrgicas. Por último, las infecciones por salmonella se ven favorecidas por hipoclorhidria y alteración del tránsito intestinal.
Abordaje en pacientes institucionalizados

En los centros sociosanitarios se estima una prevalencia de 10 a 20 infecciones por cada 100 residentes por mes. Son frecuentes, además, requieren un abordaje específico, debido a la diferente flora bacteriana existente de los pacientes y a la facilidad de propagación por tener mayor contacto entre los residentes.
Por ello, en ORPEA, los profesionales estamos muy atentos a los principales signos de alerta de los procesos infecciosos con el fin de diagnosticarlos de manera precoz y evitar complicaciones.
 
Entre los síntomas que tenemos en cuenta están los siguientes:

Tienen una presentación atípica y la sintomatología es muy larvada.
Puede no existir fiebre, ya que en el anciano se altera el mecanismo termorregulador.
Producen anorexia, caídas, etc.
Cuadro confusional de nueva aparición. En los deterioros cognitivos hay cuadros de agitación o ansiedad que generalmente presagian cuadros muy graves.
Náuseas y vómitos.
Hipotensión refractaria que indica mal pronóstico por fallo multisistémica.
En las meningitis, solamente el 50 % presenta signos meníngeos y suele haber letargia y confusión.
En ORPEA realizamos un completo examen físico al residente. Aunque la mayoría de las veces los hallazgos no son típicos, por existencia previa de pluripatología, hay signos que nos orientan a un diagnóstico precoz:
Soplos cardíacos que, muchas veces, estaban previamente, pero cambian de característica, lo que hace que nos orientamos hacia una endocarditis bacteriana.
Erupciones cutáneas fugaces pueden deberse a fiebre reumática.
Petequias de aparición brusca nos obliga a descartar meningitis, ya que puede ser un signo de meningococcemia.
Púrpura fulminante, sospecha de S. pneumoniae, H. influenzae y N. meningitidis.
Fondo de ojo. Nos puede mostrar exudados compatibles con micosis sistémicas.

Si se detecta una infección, la mayoría de las veces se tratará al paciente por vía oral.
Cuando se necesita tratamiento endovenoso y el estado del paciente lo permite se realiza dicho tratamiento en el centro.
 
Hay que tener en cuenta la farmacoquinesia, y valorar la función hepática y renal a la hora de decidir antibioticoterapia.

En los últimos años, la aparición de Estafilococo Aureus, resistente a Meticilina (SARM), ha cambiado el panorama de la infección nosocomial y hasta el 50 % ocurre en pacientes institucionalizados por lo que se opta por realizar tratamientos en los centros y evitar hospitalizaciones.

Tenemos profesionales capacitados para llevar a cabo un tratamiento por vía parenteral, y el uso de medicación hospitalaria nos es facilitado por el trabajo en conjunto con las distintas unidades de Urgencia Geriátrica de los Hospitales de la Comunidad de Madrid. De este modo, además, se asegura buen control de hidratación y oxigenoterapia cuando el caso lo requiere.

Vacunación para la prevención

El aspecto más importante en la prevención de las diferentes infecciones es la vacunación. Las vacunas que han demostrado ser eficaces son las siguientes:

Antineumococo. Se recomienda a los pacientes mayores de 60-64 años. La vacunación debe renovarse cada cinco años.

Antigripal. La vacunación antigripal puede disminuir tanto la tasa de hospitalizaciones por neumonía y gripe (hasta un 33 %) como de fallecimientos (hasta un 50 %).

Antitetánica. Aunque la persona esté vacuna correctamente en la infancia y la preadolescencia, está recomendada una dosis de recuerdo en torno a los 65 años.

Antidifterica. Aunque la persona esté vacuna correctamente en la infancia y la preadolescencia, está recomendada una dosis de recuerdo en torno a los 65 años.

Además, como otras medias de prevención, en nuestros se dota a todo el personal sanitario de guantes para evitar la trasmisión de gérmenes patógenos y se elimina material contaminado, por ejemplo termómetros electrónicos. En caso de infección por SARM y /o gérmenes multirresistentes, se aplican protocolos de aislamiento.
 
Asimismo, se controla el estado de nutrición, para lo cual aplicamos un protocolo de control de ingestas, control de peso y dietas enriquecidas hiperproteicas.
 
Un artículo de la Dra. María Rosa Nicosia Gallo,
Médico Coordinadora ORPEA