Más de 4 millones de personas en España sufren problemas de sueño que acaban de una manera crucial afectando a su calidad de vida y provocando serios problemas en su día a día.

El insomnio no solo provoca una clara situación de ansiedad, al no poder conciliar el sueño, sino que también puede ser un elemento desencadenador de otras patologías graves como son la depresión, el déficit de atención y memoria, la hipertensión, la diabetes e incluso una situación de obesidad.
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En el caso de las personas mayores no hay una evidencia clara de que sus necesidades de descanso disminuyan con la edad

 Dormir es clave para nuestra salud y no solo debemos realizarlo en un número adecuado de horas sino que este hábito debe ser de calidad, es decir, sin interrupciones y de manera profunda.

Es cierto que cada persona tiene una necesidad diferente de descanso nocturno y esta puede variar desde las 4 horas hasta las 8 o incluso nueve. A nivel general se entiende que lo más recomendable es dormir al menos 7 horas por día.

Existen multitud de factores que pueden desencadenar el insomnio, pudiendo manifestarse este de diferentes maneras, pasando de ser algo puntual a cronificarse en el tiempo.

Aunque es necesario acudir a un especialista para tratar este problema de salud, es cierto que en un porcentaje muy elevado de casos el cambiar algunos hábitos hace que mejoremos de manera clave nuestra higiene de sueño y podamos descansar de forma más adecuada.

Algunas recomendaciones para descansar mejor durante la noche son:

    No realizar ejercicio en las 2 horas previas a acostarse. Realizar ejercicio físico es clave para un buen descanso pero este debe hacerse durante el día, evitándolo a partir de las 20:00 – 21:00 horas.

    Nunca debemos utilizar dispositivos móviles o distractores en la cama, evitando ver la televisión en ella o incluso cenar tumbado. Debemos acostarnos en la cama solo cuando tengamos sueño y vayamos a iniciar el hecho de dormir.

    Evitar el dormir la siesta durante el día o que esta supere los 20-30 minutos.

    Cenar de manera ligera y añadiendo a nuestra dieta alimentos ricos en triptófano como los huevos, la leche o los plátanos.

    Evitar el consumo de alcohol o bebidas estimulantes antes de dormir.

    Crear un ambiente que facilite el descanso: bajar la intensidad de la luz 2 horas antes de dormir, climatizar la habitación de forma satisfactoria, evitar hacer esfuerzos que requieran mucha concentración antes de acostarse, etc.

    Establecer una rutina fija para dormir que repitamos a diario y sobre todo que no se modifique de manera significativa o frecuente. Es recomendable intentar iniciar el sueño siempre a la misma hora, acostumbrando al cuerpo a esa rutina.

En el caso de las personas mayores no hay una evidencia clara de que sus necesidades de descanso disminuyan con la edad, si bien es cierto que una mayoría de ellos manifiestan problemas durante la noche para conciliar y disfrutar de un sueño reparador.

Es muy importante que los mayores estén activos durante el día y que se evite que el aburrimiento o la ausencia de obligaciones diarias les empuje a una situación de somnolencia diurna y nulo descanso por la noche. Además, un consejo importante para evitar agravar los problemas de sueño es el evitar la automedicación.

Como conclusión podemos afirmar que el hábito de dormir se puede trabajar con el fin de ser mejorado y que no se vea comprometida la calidad de vida por patologías como el insomnio que es ya un problema serio de salud pública.

Un artículo de David Roa Arbeteta,
Experto en la gestión de centros sanitarios y de servicios sociales