Las caídas son una de las consecuencias más importantes en pacientes con Incontinencia Urinaria (IU) y conforman un problema de salud pública de primer orden en las personas mayores, tal y como se advierte desde la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG).

Y es que la relación entre caídas e incontinencia urinaria es estrecha, ya que comparten factores de riesgo y tienen, muchas veces, causas desencadenantes comunes, tal y como puede ocurrir en enfermedades neurológicas como el Parkinson, la esclerosis múltiple o la enfermedad cerebrovascular o en los cuadros confusionales agudos desencadenados por un proceso infeccioso, metabólico o quirúrgico.
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Las caídas y la incontinencia urinaria comparten factores de riesgo y causas desencadenantes

Por ello, el presidente de la Fundación Envejecimiento y Salud (FES), el Dr. Iñaki Artaza Artabe, especialista en Geriatría y Director Médico Asistencial en IMQ Igurco, ofrece, en colaboración con la firma Bimedica, una serie de útiles consejos para la persona mayor con incontinencia.

Son varias las consecuencias de las caídas; entre ellas destacan la restricción de la movilidad, deterioro funcional y causan con frecuencia un miedo importante a volver a caerse, contribuyendo así a limitar la actividad. Una de cada 3 personas mayor de 65 años y una de cada 2 mayor de 80 se cae al menos una vez al año. Además, la incontinencia urinaria funcional es una complicación que afecta a uno de cada 5 pacientes que se fractura la cadera.

Por otro lado, es clara la influencia del deterioro cognitivo en la génesis de ambos síndromes. Las consecuencias derivadas de la edad pueden generar dependencia funcional, aumentando la inestabilidad y afectando a las actividades básicas de la vida diaria, entre ellas, el control esfinteriano.

Otras situaciones que restringen la movilidad aumentan el riesgo de caídas y favorecen la aparición de incontinencia, como los problemas articulares, la hipotensión postural o postpandrial, la insuficiencia cardiaca, así como los problemas en los pies o la insuficiente motivación causada por cuadros depresivos.

El deterioro funcional que ocasiona una caída produce debilidad en las extremidades, sobre todo en las inferiores, afectando a la marcha y dificultando, por tanto, el acceso al cuarto de baño y generando incontinencia. De hecho, más del 20% de las personas mayores institucionalizadas sufren de incontinencia urinaria por dificultad para caminar.

Asimismo, está bien determinado el efecto negativo de algunos fármacos en la génesis de ambos síndromes. Medicamentos que afectan a la cognición (sedantes, hipnóticos, antipsicóticos, antidepresivos, anticonvulsivantes, etc), la movilidad (antipsicóticos, hipotensores, antidepresivos tricíclicos, nitratos, etc), el balance hídrico (diuréticos, antiinflamatorios, esteroides, alcohol, cafeína, etc) pueden estar en el origen de las caídas o precipitar la incontinencia.

En consecuencia, las caídas y la incontinencia generan un gran impacto en la calidad de vida de las personas mayores y en sus cuidadores, por lo que conocer las causas y factores desencadenantes de ambos síndromes y tratarlos o minimizar sus consecuencias constituye un desafío para los profesionales sanitarios. En este sentido, la SEGG ofrece una serie de recomendaciones para minimizar el riesgo de caídas:

    Las personas con deterioro funcional deben ir al cuarto de baño acompañadas.
    Las personas con desorientación temporo-espacial no deben ir al baño solas.
    Las personas con urgencia miccional deben evitar correr para ir al baño, para evitar el riesgo de caída. Es recomendable ir despacio y concentrarse en controlar la sensación de urgencia.
    Tratar de efectuar una micción de manera voluntaria cada 2-3 horas (aunque no se tengan deseos de hacerlo) para facilitar que la vejiga esté vacía y disminuya la posibilidad de escapes involuntarios.
    Eliminar obstáculos en el cuarto de baño, para facilitar el acceso y disponer de los elementos necesarios para realizar el aseo sin peligro (retrete a una altura adecuada, suelos antideslizantes, etc.).
    Iluminar bien el dormitorio y el acceso al baño.
    Poner barandillas o asideros en el cuarto de baño para el uso de la bañera o el retrete.
    Para las personas que están habituadas a levantarse por la noche a orinar, reducir la ingesta de líquidos a partir de las 6 de la tarde y fundamental realizar una micción antes de irse a la cama.
    Antes de levantarse de la cama o de la silla y de ponerse en pie, sentarse en el borde.
    Si la persona no siente seguridad al caminar apoyarse en un bastón o andador.
    En caso de una incontinencia urinaria establecida, usar un absorbente es una buena ayuda nocturna, que debe elegirse en base a las características de la persona, del tipo de incontinencia y de la gravedad de la misma.