Las personas que sufren Alzheimer pasan por distintas fases a lo largo de la duración de su enfermedad. En esta entrada, vamos a ver cuáles son estas fases del Alzheimer:

En la fase primera o leve la persona manifiesta los síntomas de manera insidiosa y progresiva.

El enfermo va a mostrar cambios emocionales como pérdida de interés por el trabajo, la familia, la higiene y el arreglo personal, irritabilidad, cambios de humor (apatía- euforia), falta de iniciativa y abandono de aficiones.
Se dan fallos de memoria respecto a hechos recientes. Olvida cosas relacionadas con su edad, rol social o profesión: un ama de casa se olvida de lo que ha puesto al fuego, un contable se equivoca en sus cálculos, etc. Esto es lo que se aprecia más rápidamente.
Dificultad para aprender cosas nuevas.
Se observan dificultades en la resolución de problemas, sobre todo ante problemas complejos o nuevos en los que no sirve utilizar rutinas ya establecidas.
Hay dificultades de comprensión y expresión de ideas complejas, dificultades en su razonamiento abstracto y en su capacidad de establecer opiniones.

Esta fase puede durar varios años, por ello, los familiares pueden no darse cuenta de la enfermedad hasta que está en una fase más avanzada.

En la fase segunda o moderada los cambios emocionales, sociales y cognitivos se acentúan:

La persona afectada con la enfermedad de Alzheimer olvida hechos recientes (no sabe si ha comido, la hora, por dónde ha paseado). No comprende hechos recientes y no reconoce a sus familiares más cercanos u olvida sus nombres.
Apenas puede decir unas cuantas frases lógicas seguidas porque ha olvidado muchas palabras. Le es difícil comunicarse.
Le cuesta realizar actividades de la vida diaria como: vestirse, ducharse o arreglarse.
Se desorienta por la calle y puede perderse. No comprende el concepto de peligro.
Puede tener cambios bruscos de humor, ira y enojo o, por el contrario, ser sumiso y dependiente. Pueden padecer alucinaciones, mioclonos (sacudidas bruscas) y distonías (contracciones musculares y movimientos involuntarios).
Deambulación errática, anda sin un motivo u objetivo concreto.
Es propenso a tener accidentes como quemarse, caerse, darse un golpe o intoxicarse (como al beber un producto indebido).
En esta fase el cuidador tiene una gran carga física y psicológica por las dificultades físicas que muestra ya el enfermo y sus problemas conductuales. Tiene que ayudarle en muchas actividades diarias y en su aseo personal, además de lidiar con sus nuevos comportamientos.

En la fase tercera o severa, la persona enferma es totalmente dependiente:

En la fase tercera o severa, la persona que padece Alzheimer es totalmente dependiente
En esta fase, los cuidadores se centran en la supervisión de actividades. Se les recuerda, de forma cariñosa, las tareas que tienen que realizar, estableciendo rutinas sin estar excesivamente encima de ellos.

Esta fase puede durar varios años, por ello, los familiares pueden no darse cuenta de la enfermedad hasta que está en una fase más avanzada.

La desorientación ha aumentado.
No reconoce a nadie, aunque sí se da cuenta de la persona que lo quiere. También le cuesta reconocer objetos.
Cambios comportamentales más graves, que pueden incluir la agresión al cuidador, gritar o gemir.
No puede realizar ninguna actividad de la vida diaria (comer, controlar esfínteres, etc.).
No expresa sus deseos y necesidades.
Es la fase que más quema al cuidador ya que tiene a una persona totalmente dependiente de él. Tiene que proporcionarle apoyo y supervisión constante, además de lo que ya realizaba en la fase anterior, como ayudarle en sus actividades diarias, aseo personal y manejar los problemas de comportamiento.

Además, debido a la larga duración que tiene esta enfermedad, el cuidador poco a poco se va agotando, y cuando llega a esta fase ya está, en muchas ocasiones, muy cansado, por lo que se hace aún más pesada que las anteriores.

Un artículo de María Villegas, psicóloga y autora del blog de divulgación y consulta psicológica mariavillegas.es