La psiquiatría personalizada ya es una realidad, ya que ante un mismo diagnóstico de trastorno bipolar, esquizofrenias, trastorno de conducta alimentaria o cualquier otro trastorno psiquiátrico, el abordaje debe diferir según sean personas jóvenes, adultas o mayores, tal y como se puso de manifiesto en el XXVII Curso de Actualización en Psiquiatría, celebrado en Vitoria-Gasteiz.

El papel de la medicina en general, y de la psiquiatría en particular, “es intervenir sobre las enfermedades para que no interfieran en la capacidad de las personas para llevar a cabo una vida plena. La misma intervención que es válida y segura para una persona con una depresión en su época de adolescente, puede ser ineficaz o hasta perjudicial en su edad media de la vida”., tal y como afirmó el Dr. Pedro Manuel Sánchez Gómez durante su intervención en este curso relativo a los aspectos neurobiológicos del paciente mayor con esquizofrenia.

A juicio de este experto del Hospital Psiquiátrico de Álava y profesor de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU), “conocemos algo de las peculiaridades del tratamiento de las personas que viven en la senectud, así como en la infancia o adolescencia. Pero no se suele hablar tanto en los congresos médicos de las peculiaridades del tratamiento de las personas que viven en su madurez y que no son las mismas que la que tenían en su época de juventud”.
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Ante un mismo diagnóstico de enfermedad mental, el abordaje puede, y debe en algunos casos, diferir según sean personas jóvenes, adultas o mayores

 Las personas que sufren enfermedades mentales graves “suelen tener un envejecimiento de peor calidad que el del resto de personas. La propia enfermedad mental se asocia a mecanismos moleculares y celulares que producen un envejecimiento desordenado y acelerado”, destacó el Dr. Sánchez Gómez.

Pero también estas personas suelen tener una serie de hábitos que aceleran los procesos del envejecimiento: tabaquismo, sedentarismo, hábitos dietéticos perjudiciales, etc. De ahí la importancia y necesidad de una atención de la salud mental de forma personalizada para detectar posibles problemas.

Además, el psiquiatra advirtió de la existencia de “elementos sociales que intervienen con la misma fuerza que los anteriores hábitos: el aislamiento social, las dificultades de acceso a los servicios médicos o de prevención de hábitos no saludables, el estigma social que los aparta de la sociedad, del mercado de trabajo y del propio sistema sanitario, y otros”.

Uno de los elementos “más escandalosos” es la pérdida de expectativa de vida de las personas con enfermedad mental grave. “En el caso de la esquizofrenia, se estima que las personas con esta enfermedad van a vivir entre 15 y 20 años menos que el resto de la población. Si sumamos a esto el hecho del desempleo casi universal que sufre este grupo de personas podremos hacernos cargo de lo escandaloso de todo esto”.

Por su parte, el Doctor Fernando Uribe, jefe de servicio de Psiquiatría del Hospital Clínico Universitario de Valladolid, presidió la mesa redonda sobre el paciente joven de salud mental. Al hilo de la misma, y desde el punto de vista de la salud mental en el colectivo de población joven, “una menor percepción de riesgo y su impulsividad facilitan la adopción de conductas de riesgo, entre las que destacan el uso y abuso de diferentes tóxicos (alcohol, tabaco, cannabis)”, advierte el experto, destacando también que “la incertidumbre respecto al futuro es fuente de ansiedad, de modo que hasta un 50 % puede llegar a padecer estrés más o menos intenso”.

    La enfermedad mental se asocia a mecanismos moleculares y celulares que producen un envejecimiento desordenado y acelerado

Si se tiene en cuenta la existencia trastornos psiquiátricos, “se considera que éstos pueden estar presentes entre el 12 y 15% de los jóvenes, destacando algunos que persisten desde la adolescencia, como son los trastornos de conducta alimentaria (anorexia y bulimia) o el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH). Otros, pueden comenzar en este periodo como el trastorno bipolar o el grupo de las esquizofrenias, siendo en estos casos difícil de precisar el diagnóstico y pronóstico futuros, así como su estabilidad diagnóstica”.

En cuanto al suicidio, “tiende a crecer en este grupo etario, llegando a ser la tercera causa de muerte en los jóvenes, con tasas de 3,65 por cien mil habitantes, por ejemplo, en el País Vasco (datos del año 2013)”.
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Las personas que sufren enfermedades mentales graves suelen tener un envejecimiento de peor calidad que el del resto de personas

El doctor Uribe señaló que en la aparición de primeros episodios psicóticos “confluyen una serie de factores entre los que destacamos el papel de la genética, la existencia de experiencias tempranas negativas como el maltrato físico o emocional y el consumo de cannabis”.

El riesgo para tener una psicosis “disminuye con la edad”, de modo que la incidencia de un primer episodio de psicosis “es hasta dos veces y media mayor en los jóvenes que en el adulto”. El periodo de los 2 a 5 años tras un primer episodio “parece especialmente crítico para el curso futuro del trastorno, siendo interesante confluir con diferentes abordajes terapéuticos en el marco de lo que se han dado en llamar programas de primeros episodios”.

Según expuso el Doctor Uribe, la mejor forma de abordaje es “desde un punto de vista integral: farmacológico, con intervenciones destinadas al abuso de sustancias y, asimismo, teniendo en cuenta el acceso al mercado laboral, fuente de importante estabilidad”.

Por último, el suicidio consumado está presente “hasta en un 15% de los pacientes con esquizofrenia y se incrementa hasta el 21% en aquellos que comienzan en la adolescencia y hasta un 11% de los primeros episodios del espectro esquizofrénico debutaban con conductas autoagresivas antes de su diagnóstico”.