Existen patrones de comportamiento o conductas no aconsejables o inadecuadas a la hora de relacionarse con personas que tienen algún tipo de discapacidad, ya sea por amistad, trabajo, lazos familiares o por ser cuidadores principales.

Evitarlas no solo mejora la calidad de la labor del cuidador, sino que también es una forma de sensibilizar y seguir rompiendo barreras.

He aquí algunas actitudes inadecuadas más comunes a la hora de relacionarnos con personas con discapacidad:

  • Dar por supuesto que la persona con discapacidad va a necesitar nuestra ayuda, que va a poder hacer o no determinada actividad, que tiene o no tiene opinión sobre ciertos temas, que no va a saber explicarse, que no será capaz de cumplir determinados objetivos, que por necesitar la ayuda de una tercera persona ya no tiene deseos o aspiraciones propias…
  • Generalizar que las personas con discapacidad no se comportan o siguen unas normas de comportamiento estándar, no todas tienen la misma personalidad, ni las mismas habilidades, gustos, necesidades, etc.
  • Ayudar sin que nos lo hayan pedido. Preguntar antes si necesitan que les echemos una mano, para qué y cómo podemos hacerlo
  • Utilizar términos discriminatorios, como minusválido, lisiado, discapacitado, inválido, retrasado…
  • No respetar su intimidad: que una persona necesite ayuda de un cuidador/a no significa, por ejemplo, que no desee contar con sus momentos de privacidad y esparcimiento personal.  
  • Dirigir la conversación a sus familiares/acompañantes como si no estuviese presente o no fuese capaz de expresar sus opiniones.
  • Centrar la atención en la discapacidad y no en la persona.
  • Tomar decisiones o elegir en su nombre, aunque puedan hacerlo solos/as.
  • Tratar a todas las personas con discapacidad como si fuesen niños/as, aunque estén en una edad adulta.
  • Subestimar sus capacidades o habilidades y no darles la opción de intentarlo.   
  • Hablar en su nombre, terminar sus frases, interrumpir o ignorarlos en una conversación.
  • No respetar su espacio personal y forzar el contacto físico. Hay personas que, por el tipo de discapacidad que tienen, no toleran o son más reacias al contacto físico. Es necesario conocer sus límites y actuar en consecuencia.
  • Preguntar insistentemente si necesitan algo o si quieren ayuda.
  • No ser pacientes ni respetar sus ritmos.
  • Actuar basándonos en emociones o sentimientos como pena, lástima, curiosidad, miedo, desprecio, etc.
  • Proteger demasiado o ser paternalistas.
  • No fomentar su independencia, autonomía ni realización personal.
  • No potenciar al máximo sus capacidades/habilidades.
  • No hablar sobre la discapacidad con naturalidad o hacer como si no existiera.
  • Utilizar o dar por ciertos determinados estereotipos o etiquetas relacionadas con la discapacidad.
  • Indagar o hacer comentarios constantemente sobre su discapacidad.
  • Pensar que discapacidad es sinónimo de enfermedad.
  • Victimizar en exceso.
  • Actuar con vergüenza, lejanía o temor por no atreverse a preguntar directamente cómo debemos actuar.
  • No ponerse en su lugar ni intentar entender y/o adaptarse a sus particularidades.
  • No reconocer a la persona con discapacidad la posibilidad de vivir plenamente y/o participar en cualquier ámbito de la vida (laboral, educativo, sanitario, sexual, familiar…).
  • No respetar las ayudas técnicas o productos de apoyo que tenga que utilizar, tratarlos como si fueran juguetes o una excusa para hacer bromas.
  • Utilizar los espacios creados para personas con discapacidad (aparcamientos, aseos, asientos, rampas…)  dificultando o impidiendo el acceso a aquellos que en realidad los necesitan.
  • Hacer comentarios negativos sobre su situación cuando está presente o puede oírlos, con expresiones como “no entiende nada”, “no es capaz de…”, “el/la pobre ya no…”.

 Un artículo de Eva Lorenzo, Trabajadora Social y autora del blog Mi rincón de apoyo al cuidador.