Comentario

Uno de los aspectos de la investigación en Alzheimer que más interés puede tener para la Atención Primaria es el conocimiento de los factores de riesgo de deterioro cognitivo, buscando identificar a los sujetos que necesitan un seguimiento más intenso para detectar el deterioro cognitivo y su posible progresión a demencia. La clasificación de las demencias en neurodegenerativas y vasculares, como categorías separadas, ha favorecido una visión de los factores de riesgo de la enfermedad de Alzheimer diferente y distinta de los factores de riesgo de enfermedad vascular (cada vez utilizamos menos la expresión cerebrovascular). En los últimos años, una serie de estudios está poniendo de relieve la importancia de los factores de riesgo vascular clásicos como factores de riesgo también de enfermedad de Alzheimer, y cada vez están recibiendo más atención.

La prevención primaria de los factores de riesgo se basa en actuaciones sobre el comportamiento y los estilos de vida, y entre ellos tienen una especial trascendencia la dieta y el ejercicio físico. Las decisiones que adoptamos sobre aquello que comemos o sobre la actividad que hacemos van a condicional el desarrollo de factores de riesgo. Los factores de riesgo se desarrollan mucho tiempo antes de que se ponga de manifiesto el deterioro cognitivo, y la investigación sobre estilos de vida y dieta sea más complicada de realizar que un estudio con fármacos, todo lo cual hace difícil poder establecer recomendaciones con un respaldo suficiente de la comunidad científica. La página web Know Alzheimer ha prestado atención al papel de la alimentación y las grasas en la enfermedad de Alzheimer.

La Conferencia sobre Nutrición y Cerebro celebrada en Washington en julio de 2013 se propuso revisar la evidencia científica existente sobre la influencia que sobre el funcionamiento cognitivo tienen la dieta, el ejercicio físico, el ejercicio mental y el sueño, y los asistentes elaboraron una lista de siete recomendaciones que se presentan y se discuten en el artículo de la revista Neurobiology of Aging que se comenta.

Surgieron las siguientes siete recomendaciones:

    Reduzca el consumo de grasas saturadas y grasas trans. Las grasas saturadas se ​​encuentran en productos lácteos, carnes y ciertos aceites de origen vegetal como los de coco y de palma, que se utilizan en la industria alimentaria. Las grasas trans se encuentran en muchos alimentos precocinados (en ocasiones se etiquetan como "aceites parcialmente hidrogenados ").
    Las verduras, legumbres, frutas, y cereales integrales deben constituir la base de la dieta y sustituir a las carnes y los productos lácteos.
    La vitamina E debe ser procedente de alimentos, y no de suplementos. Alimentos que son fuentes naturales de vitamina E son semillas, nueces, verduras de hoja verde, y cereales integrales. La dosis diaria recomendada (RDA) de vitamina E es de 15 mg al día.
    En la dieta diaria debe haber un aporte suficiente de vitamina B12 (2,4 mg por día para los adultos), mediante alimentos enriquecidos o suplementos. Es conveniente comprobar regularmente los niveles sanguíneos de vitamina B12, ya que la edad y otros factores pueden afectar a la absorción.
    Si se toman suplementos de vitaminas, escoger los que no tengan hierro ni cobre. Solo deben tomarse suplementos de hierro cuando hayan sido prescritos por el médico.
    Aunque el papel del aluminio en la enfermedad de Alzheimer sigue siendo objeto de controversia, para minimizar su exposición hay que evitar el uso de utensilios de cocina, antiácidos, levadura en polvo, u otros productos que contengan aluminio.
    Introduzca en su rutina ejercicios aeróbicos, lo que equivale a caminar 40 minutos a paso ligero 3 veces por semana.

Sobre cada una de estas recomendaciones se revisan estudios que las avalan. Al tratarse de aspectos dietéticos y de estilo de vida, son estudios de base poblacional. No se hacen indicaciones del nivel de evidencia de los estudios y tampoco se establece la fuerza de las recome daciones de acuerdo con la Medicina Basada en la Evidencia, cual sería deseable, porque unifica el lenguaje y es una ayuda para hacer recomendaciones a los pacientes individuales. Los niveles de evidencia y grados de recomendación más utilizados son las utilizadas por la Scottish Intercollegiate Guidelines Network (SIGN), que establecen niveles de evidencia (de mayor a menor) entre 1++ y 4; y grados de recomendación entre A y D).

Además de las recomendaciones anteriores, los autores sugieren que cuando se cuente con más investigaciones habría que ampliar la lista, y en concreto sugieren estas dos, también relacionadas con los estilos de vida:

    Mantener una rutina de sueño, que proporcionen una adecuada cantidad de sueño cada noche (7-8 horas aproximadamente). Es importante evaluar y tratar cualquier posible trastorno del sueño, como la apnea obstructiva del sueño, ya que se asocian con deterioro cognitivo en adultos.
    Realizar regularmente actividades mentales que promuevan aprendizaje, por ejemplo, 30 minutos al día, 4-5 días a la semana. Varios estudios han sugerido que las personas que son mentalmente más activas tienen menor riesgo de déficits cognitivos.

La conclusión de los autores es que, a pesar de que no existe evidencia científica concluyente, la combinación de medidas saludables como la dieta, el ejercicio físico, el ritmo de sueño y la actividad mental, pueden reducir el riesgo de enfermedad de Alzheimer, además de reducir el riesgo cardiovascular.

La prevención cardiovascular ha demostrado ser eficaz, y eso nos permite ser optimistas en relación con la enfermedad de Alzheimer, ya que los factores de riesgo cardiovascular suelen desarrollarse antes de que aparezca el deterioro cognitivo, y un buen control de los mismos lo retrasaría aún más.

 

Dr. Enrique Arrieta Antón
Médico de Familia. Centro de Salud Segovia Rural (Segovia)
Coordinador del Grupo de Trabajo de Neurología de la SEMERGEN
Comité Científico kNOW Alzheimer

Artículos comentados, Sección profesionales 


Barnard ND, Bush AI, Ceccarelli A, Cooper C, De Jager CA, Erickson KI, Fraser G, Kesler S, Levin SM, Lucey B, Morris MC, Squitti R. Dietary and lifestyle guidelines for the prevention of Alzheimer’s disease. Neurobiol Aging. 2014; 35: S74-S78.