La Fundación Siel Bleu España alerta que, conforme revelan diversos estudios realizados en países desarrollados, el 15% de los ancianos que viven en sus hogares, entre un 23% y 62% de los pacientes hospitalizados y hasta un 85% de los mayores en residencias sufren de desnutrición.

Se trata de una realidad preocupante ya que la desnutrición acarrea el deterioro de la función muscular de la persona, la disminución de su masa ósea, el mal funcionamiento del sistema inmunitario, situaciones de anemia y la reducción de la función cognitiva, entre otros perjuicios para la salud. A ello hay que sumar que el envejecimiento, así como la vida sedentaria, llevan consigo una disminución de la masa y potencia muscular esquelética del individuo (sarcopenia).

Para prevenir y combatir estas circunstancias adversas, es fundamental cuidar la nutrición de las personas mayores. En este sentido, sería recomendable que este colectivo ingiriera 1,5 g de proteínas/kg de peso corporal por día. De este modo, se conseguiría frenar la pérdida progresiva de masa magra, es decir, de la masa corporal libre de grasa entre los más mayores.

Asimismo, es importante que este colectivo consuma vitamina D, presente en lácteos, bebidas de soja, vegetales de hoja verde, salmón, almendras, semillas de girasol, etc., ya que la deficiencia de este nutriente se asocia a una menor densidad ósea, una movilidad reducida y un mayor riesgo de caídas, así como a un incremento de la probabilidad de desarrollar diabetes tipo 1, enfermedades cardiovasculares y artritis reumatoide.

Otra vitamina que no debería faltar en la dieta de las personas mayores es la B12, que podemos encontrar naturalmente en los alimentos de origen animal. Su deficiencia en el organismo puede producir gastritis atrófica, anemia, demencia y una reducción de la densidad ósea.

Fundación Siel Bleu EspañaEl ácido fólico también debería ser una constante en la alimentación de los mayores —zumo de naranja, verduras de hoja verde, cacahuetes, fresas, frijoles secos, guisantes, espárragos, etc.–, ya que su disminución en el organismo puede causar anemia y aumentar el nivel de homocisteína. Su deficiencia también se asocia con el riesgo de cáncer colorrectal y cáncer de cuello uterino, el deterioro cognitivo y la depresión.

Junto a una buena nutrición, es preciso además que las personas mayores lleven a cabo una rutina de ejercicios. La práctica de actividades físicas tres días o más a la semana mejora el equilibrio y evita las caídas de los individuos con movilidad reducida. De este modo, combinando nutrición y ejercicio, se consigue que los adultos mayores de 65 años mantengan la buena salud y condición física a medida que envejecen.