Hablar de los síndromes geriátricos es hablar de la historia de la geriatría como especialidad médica. Esta disciplina nació a consecuencia de la identificación de particularidades de la persona adulta mayor enferma, y esas particularidades están reflejadas, de forma práctica, en los síndromes geriátricos.
Los síndromes geriátricos son, por definición, un conjunto de cuadros habitualmente originados por la conjunción de enfermedades con alta prevalencia en los ancianos y que suponen, frecuentemente, el origen de la incapacidad funcional o social en la población. Se trata de la manifestación (síntomas) de muchas enfermedades, pero también pueden ser el origen de muchos otros problemas que debemos tener en cuenta desde su detección para, así, establecer una buena prevención de los mismos.
Se les considera como los “gigantes” de la geriatría y su conocimiento resulta imprescindible para realizar una correcta valoración geriátrica.

Los síndromes geriátricos son:

  • Inestabilidad y caídas
    Úlceras por presión
    Depresión, ansiedad e insomnio
    Hipotermia y deshidratación
    Estreñimiento
    Malnutrición
    Deprivación sensorial: disminución auditiva y visual
    Deterioro cognitivo: demencia y síndrome confusional agudo
    Fragilidad social

Si bien son heterogéneos, estos síndromes comparten muchas características comunes. Es frecuente que se manifiesten en los adultos mayores, especialmente en los ancianos frágiles. Su impacto en la calidad de vida y la discapacidad es sustancial. Los múltiples factores subyacentes, que involucran diversos sistemas de órganos, tienden a contribuir, y a definir, los síndromes geriátricos.
El impacto de los síndromes geriátricos en la calidad de vida y la discapacidad de las personas mayores es sustancial
 
Con frecuencia, la queja principal no representa la condición patológica específica subyacente al cambio en el estado de salud. En algunos casos, los dos procesos pueden involucrar órganos distintos y distantes con una desconexión entre el sitio de la lesión fisiológica subyacente y el síntoma clínico resultante. Por ejemplo, cuando una infección que involucra el tracto urinario precipita el delirio, es la función neural alterada en forma de cambios cognitivos y de comportamiento lo que permite el diagnóstico del delirio y determina muchos resultados funcionales.
El hecho de que estos síndromes involucren sistemas de órganos y superen los límites de la disciplina médica, junto con su naturaleza multifactorial, cuestiona las formas tradicionales de entender la atención clínica y las tareas de investigación.

Algunos de los principales síndromes son los siguientes:

Síndrome confusional agudo
El síndrome confusional agudo (SCA), también conocido como delirium, es un síndrome clínico transitorio y reversible, caracterizado por una alteración en la atención, el nivel de conciencia y disfunción cognitiva, de inicio agudo y curso fluctuante. Ocurre, frecuentemente, en el marco de un proceso de enfermedad aguda y no puede ser explicado solo por la existencia o desarrollo de una demencia.

Demencia
La demencia es un síndrome adquirido, caracterizado por el deterioro persistente de las funciones cognitivas, del estado mental y de la conducta social, no causado por un delirium, y que interfiere en las actividades de la vida diaria y la actividad laboral o social.

Depresión
Constituye uno de los síndromes geriátricos más frecuentes e incapacitantes. Altera en gran medida la calidad de vida del que la padece y, además, va asociado a unos elevados costes sociales y de salud.

Polifarmacia
Cerca del 80% de los ancianos presenta alguna enfermedad crónica como hipertensión, diabetes, artrosis, insuficiencia cardiaca, etc. Además, muchos de estos pacientes presentan varias enfermedades de forma simultánea, lo que condiciona un alto consumo de fármacos.

Malnutrición
Forma parte de los grandes síndromes geriátricos y es un factor de fragilidad. No solo constituye una patología en sí misma, sino que su presencia se asocia al aumento de la mortalidad y de la discapacidad, una mayor frecuencia de caídas y fracturas o el empeoramiento del deterioro cognitivo. Además, se asocia con un retraso en la cicatrización y en la recuperación tras la cirugía, prolonga la estancia hospitalaria y aumenta la frecuencia de reingresos y el índice de institucionalización tras el alta.

Insomnio
El sueño reparador es esencial para una vida sana. Diversos factores pueden contribuir a las alteraciones del sueño en el paciente anciano: cambios asociados al envejecimiento, factores psicosociales como la jubilación, enfermedades, muerte de un familiar o alteraciones del ritmo circadiano, entre otros. Los trastornos del sueño aumentan la morbimortalidad y disminuyen la calidad de vida de los pacientes, generalmente, infradiagnosticados.

Disfagia
Se define como la dificultad para el paso del bolo alimentario desde la boca hasta el esófago inferior. Es relativamente común entre la población en general, y su prevalencia aumenta con la edad, comprometiendo el estado nutricional y aumentando el riesgo de neumonía por aspiración con deterioro de la calidad de vida. Las repercusiones de la disfagia no son solo físicas sino también emocionales, afectando al estado anímico del paciente y pudiendo conducir al aislamiento social.

Fragilidad
Abarca una serie de síntomas y signos, comportándose como un síndrome clínico y siendo también considerada como un continuum que se inicia con una pérdida de la reserva fisiológica del organismo, suficiente para provocar un principio de deterioro funcional (fragilidad preclínica). Si este progresa, puede llevar al individuo a una situación de vulnerabilidad, conllevando posteriormente a la discapacidad y la dependencia.

Incontinencia
Se engloba dentro de los síndromes geriátricos por su elevada prevalencia y su potencial para originar diferentes formas de incapacidad en el anciano, siendo fundamental la intervención sobre ella. No forma parte del envejecimiento normal, aunque cambios relacionados con la edad pueden contribuir a su aparición. Deteriora la calidad de vida del paciente y origina, además, una alta comorbilidad con elevados costes económicos.
Finalmente, cabe destacar que la comprensión de ellos no debe ser sólo por parte de los especialistas en geriatría, sino que debe extenderse tanto en otras especialidades médicas que tratan pacientes gerontes como, de forma multidisciplinar, aplicándose en otras disciplinas como la enfermería, la psicología o el trabajo social.
 
Dra. Liliana Vargas Rodríguez, Geriatra de la Unidad de Diagnóstico, de Fundación ACE Barcelona Alzheimer Treatment & Research Center
 

Bibliografía:
Inouye et al. Geriatric Syndromes: Clinical, Research and Policy Implications of a Core Geriatric Concept. J Am Geriatr Soc. 2007 May; 55(5): 780–791
Sociedad Española de Geriatría y Gerontología. Manual del residente en Geriatría, 2011, Ene Life Publicidad S.A.