La diabetes es una patología crónica con la que conviven actualmente cerca de 6 millones de personas en España. En concreto, el estudio Di@betes (2012) apunta a que el 42,2% de los hombres y el 29,8% de las mujeres de entre 61 y 75 años tienen diabetes; mientras que, a partir de los 76 años, el porcentaje se sitúa en el 37,4% de los hombres y el 41,3% de las mujeres. Estos datos ponen de manifiesto la amplia prevalencia de la diabetes, en su mayoría de tipo 2, entre los adultos mayores, lo que hace imprescindible que se deban plantear consideraciones especiales para que estas personas puedan mantener un buen nivel de vida, a pesar de padecer esta patología.

En este sentido, conviene tener en cuenta que, además de las recomendaciones habituales para el buen control de la diabetes, las personas mayores con esta patología muchas veces sufren también otro tipo de problemas de salud y complicaciones asociadas a la afección o propias de la edad, como los síndromes geriátricos. Esto hace que algunos profesionales opten por revisar y, en ocasiones, reducir el nivel de exigencia en los objetivos terapéuticos y las intervenciones farmacológicas. Con ello, lo que se pretende es facilitar la adherencia al tratamiento y evitar los episodios de hipoglucemia, que son más frecuentes a estas edades y que, en ocasiones, pueden pasar inadvertidos.
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En adultos mayores con diabetes se debe priorizar la ingesta de alimentos ricos en fibra, como las verduras, frutas y legumbres

Teniendo estas consideraciones en cuenta, la Sociedad Americana de Diabetes (ADA, según sus siglas en inglés) apunta en la última actualización de su guía “Standards of Medical Care in Diabetes” que “en aquellos adultos mayores con varias enfermedades crónicas, deterioro cognitivo o dependencia funcional, se deben establecer objetivos menos rigurosos, por ejemplo, de <8-8,5% de hemoglobina glicosilada (HbA1C)”. En cualquier caso, estas decisiones han de ser consensuadas con el equipo médico de referencia y, en cualquier caso, valoradas tras una evaluación en profundidad de las condiciones médicas, psicológicas y funcionales del paciente, así como de su autonomía y capacidad de autogestión, cuestiones a las que también alude ADA en su reciente publicación.

Al margen de los distintos puntos de vista que puedan existir sobre el establecimiento de los tratamientos farmacológicos y controles más apropiados para cada caso, existe un amplio consenso sobre la necesidad de mejorar la concienciación de la población en torno al papel que juegan los hábitos saludables en el control de la diabetes.

Este tipo de rutinas favorecen el bienestar y la calidad de vida, impulsando un envejecimiento más saludable y una mejor gestión de las patologías crónicas a nivel general. A modo de resumen, desde la Federación Española de Diabetes (FEDE) se recuerda los siguientes cuatro hábitos saludables claves:

    Practicar ejercicio físico de forma regular

    Tiene un doble beneficio, ya que contribuye a regular los niveles de glucosa en sangre y otros parámetros como el peso, la tensión o el colesterol; y, a la vez, previene problemas propios de la edad, como los de circulación o la pérdida de masa muscular y ósea. Es primordial que cada persona elija el tipo de ejercicio más adecuado para su caso, en función de su capacidad física y sus gustos. Desde FEDE, se recomiendan especialmente las actividades guiadas y en grupo, como las que ponen en marcha, de forma habitual, muchas asociaciones de personas con diabetes.


    Seguir una alimentación sana y equilibrada

    Debe adaptarse a los requerimientos nutricionales de cada persona, puesto que, como apunta ADA en la actualización de sus recomendaciones para el tratamiento de la diabetes, no existe un patrón fijo de distribución de calorías y macronutrientes. No obstante, sí hace referencia a la necesidad de prestar especial atención a la ingesta de proteínas en adultos mayores con diabetes y a la importancia de priorizar los alimentos ricos en fibra, como las verduras, frutas y legumbres.


    Lograr un descanso suficiente y reparador

    Dormir bien resulta especialmente relevante para las personas con diabetes, ya que contribuye a la regulación de los niveles de glucosa en sangre. No obstante, muchas personas con diabetes sufren síndromes, como la apnea del sueño, y otras dificultades para concebir el sueño, como hipoglucemias nocturnas. Por eso, se aconseja adoptar rutinas, como dormir 7 – 8 horas diarias, mantener un horario regular a lo largo de la semana y evitar realizar cenas pesadas, ya que pueden dificultar el descanso.

    Buscar el bienestar emocional
    Las situaciones de estrés y ansiedad afectan directamente a la calidad de vida de las personas mayores con diabetes, dificultando el control de la patología. Por lo tanto, es importante considerar el bienestar emocional como un área más a vigilar y controlar en el día a día. Para ello, existen distintas herramientas, como el acompañamiento de un psicólogo o las técnicas de coaching, y cada persona debe buscar aquellas que le resulten de mayor utilidad. Aquí también es clave el entorno: familiares y amigos juegan un gran papel en nuestra salud, a los que se puede recurrir en busca de apoyo.

Estos son solo algunos consejos para adoptar rutinas saludables, algo que no siempre resulta sencillo cuando se parte de conductas poco favorables para la salud y adquiridas hace tiempo. Algunos expertos aseguran que se necesitan 21 días para adquirir un hábito, por lo que no solo vale con la intención, sino también compromiso, paciencia, decisión y autocontrol.


Un artículo de Laura Alemán Arteaga
Responsable de Comunicación de la Federación Española de Diabetes FEDE