Introducción

Los trastornos cognitivos afectan a todos. ¿Quién le iba a decir a Margaret Thatcher o a Ronald Reagan en su plenitud del poder político, o a Adolfo Suarez en sus éxitos de la transición y a Eduardo Txillida en su plenitud creativa, que iban a sucumbir a una enfermedad neurodegenerativa como la enfermedad de Alzheimer (EA)?

  • Ante los beneficios que podría suponer un diagnóstico temprano, en 2003, la Current U.S. Preventive Service Task Force Guidelines recomendó realizar un cribaje de deterioro cognitivo cuando existía alguna sospecha de su existencia1,2. En 2010, la Patient Protection and Affordable Care Act requirió a su personal sanitario detectar cualquier deterioro cognitivo en los usuarios de Medicare como parte de la annual wellness visit (AWV). Fue una iniciativa pionera, pero en la que no se llegó a definir qué herramienta de cribaje se debía utilizar3.

    Para ayudar a los clínicos a identificar el subgrupo de ancianos con más riego de demencia se desarrolló el Dementia Screening Indicator4, utilizando información de cuatro grandes estudios: el Cardiovascular Health Study (CHS), el Framingham Heart Study (FHS), el Health and Retirement Study (HRS) y el Sacramento Area Latino Study on Aging (SALSA). El Dementia Screening Indicator incluye edad (1 punto/año), edad: 65-79 años, menos de 12 años de educación (9 puntos), ictus (6 puntos), diabetes mellitus (3 puntos), índice de masa corporal (IMC) menor de 18,5 kg/m2 (8 puntos), necesidad de ayuda para el manejo del dinero o de la medicación (10 puntos) y síntomas depresivos (6 puntos). Los pacientes con una puntuación igual o mayor a 22 puntos deberían ser evaluados con mayor profundidad.

    La etiología del DCL es variada (vascular, emocional, degenerativa…); de todas ellas, la más frecuente es la EA o la de componente mixto, sobre todo en los pacientes de más edad. De las múltiples teorías propuestas sobre la causa de la EA casi ninguna ha superado la prueba del tiempo. La hipótesis amiloide surgida en los años 80 con la demostración de que las placas seniles estaban compuestas de péptido amiloide es una de ellas. Esta hipótesis propone que la acumulación excesiva de amiloide beta (Aβ) en alguna de sus formas (placas compactas, placas difusas, oligómeros solubles o fibrillas) es la causa específica de la EA. Unos años después, en 1991 se proponía que el depósito y acumulación de las fibrillas insolubles de Aβ era el factor primario que iniciaba la patogénesis de la EA, conduciendo a la neurodegeneración a través de la formación de ovillos neurofibrilares compuestos por tau fosforilada. La evidencia que sostiene esta teoría es que el depósito de Aβ no es neurotóxico in vivo y que, si las placas seniles son el resultado de neuronas enfermas, no pueden ser la causa del daño de esas neuronas.

    La EA es posiblemente una taupatía potenciada/inducida por amiloidosis, pues se ha comprobado que la amiloide es necesaria, pero no suficiente, para explicar la sintomatología, que el daño neuronal se correlaciona más con la patología tau y se ha demostrado que anomalías en la acetilación de la proteína tau producen neurodegeneración5. El proceso se produciría en dos fases, en la primera aumentaría en contenido de betaamiloide a nivel cerebral, y a posteriori aparecería la taupatía.

    Se podría considerar que hay dos tipos de enfermedad de Alzheimer, una mediada por un aumento de la producción de amiloide provocada por las formas familiares genéticamente determinantes y la otra (la más habitual, aunque reciba el nombre de esporádica) provocada por fallos en el aclaramiento del amiloide y de etiología multifactorial, a la que nos vamos a referir exclusivamente en adelante. El proceso de envejecimiento asociado a otros factores como la hipertensión, diabetes, obesidad, tabaquismo, apnea del sueño, fibrilación auricular, sedentarismo, baja reserva cognitiva, etc., favorece la aparición en el paciente añoso con EA de infartos cerebrales y otras anomalías vasculares, placas, ovillos, sinucleina… Desde esta perspectiva se está produciendo un cambio en el paradigma del proceso evolutivo de esta enfermedad, ya que entran a formar parte de este proceso factores hasta ahora no contemplados.

    Las diferentes estrategias terapéuticas no han conseguido mejorar sustancialmente la sintomatología de la EA; sin embargo, se sigue investigando en el desarrollo de nuevos fármacos6 (agonistas de receptores, moduladores de las secretasas, hipolipidemiantes, inmunoterapia…) y hay líneas de investigación abiertas enfocadas en las fases previas de la agregación de amiloide y de la formación de la placa con el objetivo de interferir en estos procesos.

    La eficacia clínica de los únicos fármacos aprobados para el tratamiento de la EA, los inhibidores de la acetil colinesterasa (IACE) y de la memantina, es modesta, tanto administrados de forma individual como cuando se combinan7. Por otro lado, el perfil de seguridad de estos fármacos (pérdida de peso, alteraciones digestivas, caídas y síncopes, entre otros) hace que cada día seamos más prudentes al indicar este tipo de fármacos8.
    El continuum evolutivo del DCL

    Hasta no hace poco tiempo se pensaba que la queja subjetiva de memoria era una situación benigna y de evolución incierta; sin embargo, se ha visto que en muchos casos se trata de la fase prodrómica de la EA. En el trabajo de Reisberg, con un seguimiento de 7 años, 2/3 de los pacientes evolucionan a Deterioro Cognitivo Ligero (DCL) y, de ellos, el 75% a EA9. Un punto importante a tener en cuenta es que aún se sigue trabajando en la conceptualización del término DCL con la consiguiente evolución que esto lleva aparejada en cuanto a la definición de éste se refiere10.

    El DCL constituye una situación de riesgo en la que el ritmo de conversión anual a demencia es más alto que en sujetos normales. La prevalencia en España es de 9,6%, afectando más a los más mayores y a mujeres11. En este grupo también encontraríamos a los pacientes con fragilidad cognitiva12 secundaria a reducción de la reserva cognitiva en el seno de enfermedades crónicas cuyo paradigma es la leucoaraiosis (aunque no es necesario que esté presente), que provoca una reducción de la conectividad entre diferentes regiones cerebrales.
    La influencia de la genética

    En estudios transculturales se encontró que tanto los emigrados japoneses en Brasil, como miembros de la tribu Yoruba de Nigeria que llegaron como esclavos a la región de Indianápolis (afroamericanos) tenían una frecuencia de APOE4 (22-24%), de APOE2 (7%) y APOE3 (78%) similar13-15.

    Sin embargo, su incidencia es mayor en unos sitios que en otros: los factores ambientales y, entre ellos, la dieta, parecen ser un factor modificable y modulador del riesgo y de la expresión etiopatogénica de la enfermedad.

    Se ha propuesto que la EA puede ser sustancialmente una enfermedad de naciones industrializadas, donde las dietas son ricas en grasa animal, grasas procesadas o industriales y aditivos de aluminio en los alimentos y en el agua, dietas pobres en grasas de origen marino (pescado graso), antioxidantes naturales, metales esenciales y donde los ancianos a menudo viven en situaciones de aislamiento.

    Aunque no se pueden cambiar los genes, las medidas de salud pública pueden mejorar estas situaciones y se ha comprobado que estos cambios podrían reducir el número de casos de pacientes con DCL y demencia (tabla 1).
    Enfermedad vascular y DCL

    Existen evidencias científicas que han relacionado la presencia de factores de riesgo vascular (FRV) con un aumento del riesgo de padecer EA16, y que han demostrado que una intervención multidominio (dieta, ejercicio, entrenamiento cognitivo y control de los FRV) como se realizó en el estudio FINGER (Finnish Geriatric Intervention Study to Prevent Cognitive Impairment and Disability) es capaz de reducir el riesgo de DCL de manera significativa17.

    Por otra parte, se conoce la relación entre la presencia de patología cerebral vascular previa y el desarrollo de EA18, así como de los ictus y una alteración importante en las funciones cognitivas y que además esta tiene un carácter progresivo en los siguientes seis años tras el mismo19. Por ello la prevención de la patología cerebrovascular es crucial para la prevención del DCL y la EA.

    Ante esta situación tenemos dos opciones, que se detallan en las tablas 2 y 3.
    Factores relacionados con el desarrollo de DCL total o parcialmente modificables

        A día de hoy se conoce que el aluminio es neurotóxico, por lo que cabe afirmar que es prudente mantener su concentración en el agua para el consumo humano tan baja como sea posible20.
        La exposición a disolventes en el medio laboral21 y a insecticidas organofosforados.
        La polución atmosférica está ligada al declinar cognitivo, a la atrofia cerebral y a la enfermedad cerebrovascular en edades avanzadas.
        Los episodios depresivos en edades medias de la vida se asocian claramente con un aumento del riesgo de EA en edades más avanzadas22 y pueden aparecer también como sintomatología prodrómica de la demencia23.
        Realizar una dieta mediterránea reduce el riesgo24.
        El suplemento de aceite extravirgen a la dieta mediterránea en el estudio PREDIMED-NAVARRA demostró que éste mejora el rendimiento cognitivo (fluencia verbal y memoria) en un seguimiento a seis años, y además reduce la incidencia de deterioro cognitivo ligero25. Se trata de un estudio en el que colaboraron 8 centros de Atención primaria y en el que se incluyeron a mayores de 65 años, con una edad media de 74 años.
        Mantener niveles normales o altos de vitamina B12 y ácido fólico consigue reducir la progresión de la atrofia cerebral, disminuyendo los niveles de homocisteína, pues éstos provocan un aumento lineal de la atrofia y un mayor avance de la leucoaraiosis26,27.
        El consumo moderado de vino. Tanto en el estudio francés, en la región de la Dordoña y Garona, como el Framingham Heart Study, el Honolulu-Asia aging study y el estudio de Rotterdam han comprobado que reduce el riesgo de EA28-31.
        El consumo de ácidos omega-3 (sobre todo, el ácido docoexanoico). Podrían actuar como neuroprotectores, reduciendo el riesgo cerebrovascular y teniendo en cuenta su efecto antitrombótico, antiinflamatorio y antiaterogeno32,33.
        El ejercicio físico, tanto aeróbico como anaeróbico, reduce el riesgo de demencia y produce mejoras cognitivas en funciones ejecutivas, atención, fluencia verbal, memoria episódica, memoria visuoespacial y asociativa34-39.
        La actividad social y cognitiva reduce el riesgo de demencia40.
        El uso de fármacos con efecto anticolinérgico va ligado a una reducción de la fluencia verbal y del funcionamiento cognitivo global, una reducción de memoria visual, menor capacidad en funciones ejecutivas, y a un aumento lineal del riesgo de EA y del deterioro cognitivo ligero en aquellos que siguen tomándola durante al menos 4 años41-43, y a atrofia cortical temporal bilateral44.
        En cuanto a la anestesia general: hay trabajos que la asocian con el desarrollo de demencia45, mientras que hay otros que no la asocian ni con demencia46,47 ni incluso con deterioro cognitivo ligero48. Sin embargo, se han detectado aumentos de la proteína S100B tras la anestesia49, siendo esta proteína uno de los marcadores séricos más precisos de daño cerebral. Las necesidades quirúrgicas, además de ser necesarias, no van a disminuir, por lo que se plantea la necesidad de un tratamiento preventivo con protectores neuronales a todos los pacientes que sean sometidos a anestesia general o, por lo menos, para aquellos que reúnan más factores de riesgo.
        Evitar o reducir el riesgo de delirium con medidas preventivas50,51.
        Existen evidencias científicas que demuestran que la deficiencia de vitamina D está sustancialmente relacionada con un aumento de todas las clases de demencia y de la EA52, y con un declive más rápido en la memoria episódica y en las funciones ejecutivas53.
        Los inhibidores de la bomba de protones se han relacionado con el aumento del riesgo de padecer demencia, por lo que estos fármacos deben ser utilizados solo en sus indicaciones y durante el tiempo recomendado54,55.

  •     La terapia de deprivación androgénica que se utiliza en el cáncer de próstata provoca empeoramiento de funciones ejecutivas y visuomotoras (50-70% de los pacientes) y se relaciona con un aumento del riesgo de padecer EA56. Aunque hay que precisar que no todos los antiandrógenos tienen el mismo mecanismo de acción, por lo que es preciso realizar estudios más amplios para dilucidar si estas diferencias tienen alguna relevancia o no.
        Los trastornos respiratorios del sueño y la apnea se producen en el 60% y 20% de los mayores, respectivamente, y se han relacionado con el desarrollo de deterioro cognitivo. Se conoce que la apnea del sueño provoca atrofia hipocampal57 y que el 30% de los pacientes con apnea padecen deterioro cognitivo ligero. Los pacientes con apnea tienen 6 veces más posibilidades de padecer demencia dentro de los 5 años siguientes al diagnóstico. La función más afectada es la función ejecutiva. La CEPAP mejora la atención, pero las alteraciones en la memoria de trabajo, en la fluencia fonémica y el retraso de la velocidad psicomotora persisten: se producen lesiones no reversibles58,59. Todo ello pone de manifiesto la relevancia de realizar un diagnóstico precoz y un tratamiento temprano de estos trastornos respiratorios.
        La obstrucción crónica al flujo aéreo (OCFA) se asocia a una más alta prevalencia e intensidad de leucoaraiosis y a microsangrados en regiones cerebrales indicativas de angiopatia amiloide. La OCFA dobla el riesgo de deterioro cognitivo ligero y demencia en edades tardías60.
        La quimioterapia, además de otras acciones, provoca daños en el ADN, aumento del estrés oxidativo y una reducción de la longitud de los telómeros. Estos cambios pueden colocar a los supervivientes en una población con más riesgo de padecer demencia, ya que el cáncer y la terapia contra el cáncer pueden acelerar el proceso de envejecimiento y potencialmente desenmascarar enfermedades neurodegenerativas previamente latentes, especialmente cuando 2/3 partes de los supervivientes tienen >75 años de edad. Recientemente se ha adoptado el término quemobrain para la neurotoxicidad cerebral asociada a quimioterapia. Así, por ejemplo, se conoce que la quimioterapia del cáncer de mama provoca empeoramiento de habilidades verbales y de funcionamiento visuoespacial61-63 que no es reversible en todos los casos.
        Mantener la tensión arterial sistólica baja (TAS) (<128 mmHg) provoca empeoramiento del deterioro cognitivo ligero y de la demencia64. Recientemente65 se ha publicado un trabajo que aboga por reducir la TAS hasta 120 mmHg o menos, pues se reduce el número de eventos y de mortalidad con un aumento pequeño de secundarismos. Personalmente creemos que estos resultados no son aplicables a mayores frágiles ni al perfil actual de institucionalizados, ya que una TAS de 120 mmHg es una cifra baja sobre todo si partimos de diferenciales muy altos. Es decir, no es lo mismo llegar a una TAS de 120 si comenzamos con TAS de 190 mmHg (en una TA 190/70 mmHg frecuente en mayores) que en una TAS de 150mmHg (150/90 mmHg, más frecuente en jóvenes). Además, el flujo cerebral está directamente condicionado por la tensión arterial media (TAM: 2/3TAD+1/3TAS). En una TA de 120/80 mmHg, su TAM es de 93 mmHg, y en una TA de 120/50 mmHg su TAM es de 73 mmHg; con ésta última podemos estar comprometiendo el flujo a nivel cerebral.
        Los inhibidores de la enzima convertidora de la angiotensina (ECA) con capacidad de atravesar la barrera hematoencefálica (fosinopril, lisinopril, perindropil ramipril y trandolapril) han demostrado, según los resultados del ensayo clínico Cardiovascular Health Study-Cognition Substudy,que reducen el riesgo de demencia más que aquellos que no la atraviesan66.
        Los antihipertensivos que bloquean la angiotensina (sartanes) parecen reducir el riesgo de desarrollar enfermedad de Alzheimer y otras formas de demencia. Esta es la conclusión de un estudio publicado recientemente que incluye a más de 819.000 sujetos, hallando que los bloqueadores de los receptores de angiotensina muestran un mayor efecto protector contra la demencia que los inhibidores de la ECA (enzima convertidora de la angiotensina). Los sujetos que tomaban un bloqueador del receptor de la angiotensina presentaron una incidencia de demencia un 24% menor que los que tomaban otros medicamentos cardiovasculares. El riesgo era un 19% más bajo en los que tomaban bloqueadores de la ECA67,68.
        Desde hace tiempo conocíamos que la fibrilación auricular se asociaba a deterioro cognitivo69, con o sin historia de ictus70. El riesgo de demencia aumenta en estos pacientes y no tiene que ver siempre con la existencia de infartos cerebrales, ya que parece tener relación con las variaciones de flujo sanguíneo cerebral que podrían provocar situaciones de penumbra isquémica por hipoperfusión cerebral crónica71,72. Afecta más a las personas menores de 67 años en relación con los mayores de esa edad. Por todo lo anteriormente mencionado, mantener el ritmo sinusal se convierte en una prioridad.
        La hipertensión arterial y la hipercolesterolemia en edades medias de la vida aumentan el riesgo de demencia en la edad avanzada73-75. Ya se ha comentado el papel de los antihipertensivos sobre el desarrollo de deterioro cognitivo, pero es también de destacar en relación con los tratamientos hipolipemiantes el hecho de que las estatinas per se pueden provocar deterioro cognitivo de carácter reversible76.
        La obesidad en edades medias de la vida aumenta el riesgo de demencia77,78 en probable relación con la resistencia a la insulina al igual que ocurre con la diabetes, por lo que es importante establecer estrategias de prevención de la obesidad.
        La hipoacusia provoca atrofia cerebral: las personas con hipoacusia tienen una atrofia temporal derecha y del parahipocampo acelerada (p<0,05), provocando que sean más susceptibles de padecer deterioro cognitivo79, por lo que es necesaria su prevención y detección temprana, así como comenzar precozmente con la utilización de audífonos.

    El autocuidado

    El gran reto no es alargar la vida sino ensancharla, añadiendo vida a los años. Es vital el autocuidado, entendido como la responsabilidad personal de mantener y promocionar la propia salud vigilando la alimentación, la tensión arterial, cuidando el estilo de vida, haciendo deporte suave, ejercitando la memoria, cultivando la vida social y participando activamente en la vida y aprovechando las oportunidades que nos proporciona la comunidad.

    Consejos para el autocuidado:

        Haga una alimentación baja en grasas: reduzca la ingesta de carnes y productos lácteos que contengan grasas saturadas y tomen pescados ricos en grasas con frecuencia, coma frutas, vegetales y cereales.
        Tome un vaso de vino al día.
        Participe en actividades recreativas y educativas intelectualmente estimulantes y haga vida social.
        Realice ejercicio físico todos los días.
        Aprenda a estimular sus neuronas con técnicas específicas.
        Evite el estrés, el tabaco y la obesidad.
        Controle sus problemas crónicos de salud.
        Evite la obesidad.
        A partir de los 60 años, los pequeños fallos de memoria deberían ser evaluados por un médico

    Tratamiento farmacológico del DCL

    Inhibidores de acetilcolinesterasa (IACE)

    Las revisiones sistemáticas disponibles concluyen que los IACE no mejoran la cognición en pacientes con DCL medido con el ADAS-cog o con el MMSE. Específicamente, un metaanálisis de 4 ensayos80-83 (n: 4.188) evaluando los beneficios de los IACE comprueba la falta de efectos estadísticamente significativos de estos tratamientos en cognición medida con ADAS-cog. De forma similar, no se encontraron mejoras cuando se midió la mejora con el MMSE en 3 ensayos clínicos (n: 2.287)80-82.

    La revisión sistemática también mostró que los IACE no mejoraron la conducta, estado global o funcional medido on el NPI, CGIC-mci y ADL, respectivamente84. Dos ensayos80,82 (n: 1.775) presentaron efectos no significativos sobre la conducta medida con el NPI, y un ensayo80 (n: 757) no presentó efectos significativos en la situación global medida con el CGIC-MCI. Tres ensayos clínicos81-83 (n: 3.431) no presentaron efectos significativos sobre la funcionalidad medida esta con el ADL.

    No hay estudios examinando el efecto del tratamiento con memantina

    Suplementos dietéticos y vitaminas

    Se identificaron 4 ensayos clínicos que evaluaban el efecto de suplementos dietéticos o vitaminas81,85-87. De estos ensayos, dos81,87 examinaban los efectos de la vitamina E (con vitamina C o con un multivitamínico) en cognición o funcionalidad, uno86 examinó los efectos del aceite de pescado, y otro85 examinó el efecto de la vitamina B en cognición.

    No se encontraron trabajos que relacionaran suplementos dietéticos con conducta, estado global o mortalidad. Ninguno de los 4 estudios presentó mejora en cognición en DCL medida por el ADS-cog en un ensayo81 (n: 516) o medido con MMSE en cuatro ensayos81,85-87 (n: 1.030)86. La revisión sistemática tampoco aprecia mejoras en funcionalidad medida con ADL (n: 516)83-84.

    Los complejos vitamínicos se ha comprobado que tampoco previenen el deterioro cognitivo88.

    Otro suplemento ha sido aprobado para el tratamiento de la EA en fase leve: se trata de una combinación de ácidos grasos omega-3, ácidos grasos, uridina, colina, vitaminas C, E, B6, y B12, selenio y ácido fólico. La posología es de un envase de 125 ml/día. Este complemento favorece la integridad sináptica. En los ensayos clínicos en pacientes con EA leve, esta combinación demostró una mejora significativa en la memoria verbal89,90, pero no en cognición global89 o en rendimiento funcional91.

    Ginkgo biloba EGb 761®

    Las plantas han constituido históricamente gran parte del arsenal terapéutico. Se están estudiando para el tratamiento de la EA80 y entre ellas se ha comprobado que existen dos buenos candidatos: la cúrcuma y la Ginkgo biloba81.

    Hay que aclarar que no todos los preparados de Ginkgo biloba son iguales, sobre todo por los diferentes procesos de extracción y homogeneización utilizados; este hecho determina que la composición sea diferente en los diferentes extractos, por lo que en adelante nos referiremos exclusivamente al EGb 761®, que es el que dispone de ensayos clínicos que avalan su eficacia y seguridad.

    El extracto estandarizado de Ginkgo biloba EGb 761® contiene 22-27% de derivados flavonoides, 5-7% de terpeno lactonas, que comprende 2,8-3,4% de ginkgólidos A, B y C, 2,6-3,2% de bilobalido, y menos de 5 ppm de ácido ginkgólico (sustancia relacionada con la toxicidad)94.

    Los efectos farmacológicos de EGb 761® provocan neuroprotección por estabilización mitocrondial95, reducción del déficit de neurotransmisores relacionados con la edad, captura de radicales libres (antioxidante), aumento de dopamina y acetilcolina en el córtex prefrontal96 y mejora de las propiedades de flujo de la sangre y la microcirculación.

    La European Medicines Agency (EMEA)97 decidió aprobar su uso para la mejora del deterioro cognitivo asociado a la edad y de la calidad de vida de los pacientes con demencia leve, y más recientemente, también lo ha hecho la Agencia Española del Medicamento y Productos Sanitarios para el deterioro cognitivo asociado a la edad.

    Ateniéndonos a las indicaciones aprobadas, encontramos resultados de interés en:

        Deterioro cognitivo ligero. Disponemos de dos ensayos clínicos. El primero98 se trata de un ensayo randomizado, doble ciego, controlado con placebo y multicéntrico de 12 semanas de duración. Los pacientes mejoraron en cognición con respecto al placebo (p<0,025). El segundo trabajo se trata de un ensayo randomizado, doble ciego y multicéntrico de 24 semanas de duración. Los pacientes mejoran a nivel conductual de forma significativa (p =0,001) en ansiedad (p<0,05) y en cognición (p<0,05)99.
        Prevención/reducción del riesgo de progresión a fases clínicas de la EA. Dos estudios randomizados, doble ciego frente a placebo uno100 con 3.072 participantes (>75 años) (pero con un bajo cumplimiento) y otro101 con 2.854 participantes (>70 años) y seguimiento medio de 5 años y de 6,1 años, respectivamente, concluyen que en los períodos de tiempo indicados no se apreció una reducción del riesgo de llegar a las fases clínicas de la EA frente a placebo.
        Personas sanas. Trabajos en personas mayores de 50 años con seguimientos máximos de 12 semanas, mejoran de forma estadísticamente significativa la atención sostenida, recuerdo libre, reconocimiento visual, velocidad de procesamiento, salud física percibida, sensación de vitalidad y reducción de estrés102.
        Demencia. Mejora la función cognitiva103 (medida con ADAS-cog)104, la funcionalidad104, los trastornos de conducta103-105, la carga del cuidador103,104 y la impresión clínica global103,105 en pacientes con demencia leve-moderada asociada a sintomatología conductual respecto al placebo. Los trabajos han sido aleatorizados, doble ciego, controlados con placebo, en pacientes con demencia y con síntomas neuropsiquiátricos. Duración: 24 semanas. Recientes metaanálisis106,107 llegan a parecidas conclusiones. En el de Hashiguchi se incluyeron 9 estudios con EGb 761®, con un total de 2.381 pacientes con demencia leve-moderada (Alzheimer, vascular y mixta), con una duración de 12-52 semanas107.

    Por la experiencia adquirida en los ensayos clínicos, la dosis recomendada es de 240 mg/día. Los efectos secundarios no difieren ni en número ni en severidad de los producidos por el placebo. Se ha reseñado que el uso concomitante de anticoagulantes o antiagregantes podría incrementar el riesgo de hemorragia108, aunque estudios posteriores descartan relevancia a esta interacción97.

Dr. Enrique Arriola Manchola
Responsable de la Unidad de Memoria de Matia Fundazioa (Donosti)
Coordinador del Grupo de Demencias de la SEGG
Comité Científico kNOW Alzheimer


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