Las fracturas dan lugar a más fracturas, pero a pesar de ello el 80% de las pacientes que se rompen un hueso no reciben el tratamiento adecuado para la osteoporosis, tal y como desvela un estudio retrospectivo sobre el riesgo de fractura en mujeres con osteoporosis con fracturas anteriores, realizado por Quantify Research con la colaboración de la compañía biofarmacéutica UCB, y cuyos resultados fueron presentados durante el 20º Congreso Europeo Anual de la Society for Pharmacoeconomics and Outcomes Research (ISPOR), celebrado en Reino Unido.

La prevención de las fracturas por fragilidad debe convertirse en una prioridad de salud pública

Este estudio evaluaba el riesgo de una fractura mayor osteoporótica en mujeres que ya habían sufrido una primera, segunda y tercera fractura por fragilidad. Y los resultados mostraron que el riesgo de una futura fractura fue mayor en los primeros dos años después de una fractura previa en comparación con las mujeres que no había padecido ninguna fractura.

Un dato interesante es que el análisis mostró que el tipo de fractura influía en el riesgo de la futura fractura. En este sentido, las fracturas vertebrales son más indicativas del riesgo de una fractura posterior.

“Pese a que el coste personal, social y médico de una fractura no se puede subestimar, estos resultados son un importante recordatorio de que debemos considerar una fractura como una señal de advertencia, y de que se debería dar prioridad al diagnóstico y tratamiento precoces de la osteoporosis para prevenir futuras fracturas”, afirma la profesora Kristina Akesson, del departamento de Ortopedia del Hospital Universitario Skane y la Universidad de Lund, Malmö de Suecia.

    El tipo de fractura influye en el riesgo de la futura fractura. En este sentido, las fracturas vertebrales son más indicativas del riesgo de una fractura posterior

Por su parte, la doctora Pascale Richetta, responsable de la Unidad de Negocio de Hueso y vicepresidenta ejecutiva de UCB, ha subrayado que “la prevención de las fracturas por fragilidad debe convertirse en una prioridad de salud pública. Al no responder a la señal de advertencia de una primera fractura, nos arriesgamos a fracasar en la prevención de la segunda fractura y las fracturas posteriores”.

“Debería prestarse más atención a las unidades clínicas especializadas de atención a las fracturas: son un modelo eficaz de atención posterior a la fractura, ya que alivian la presión sobre los sistemas sanitarios y reducen el número de fracturas, con el resultado de una mejor calidad de vida de las personas afectadas”, incide Richetta.

En el estudio se han analizado los datos recogidos de 229.259 mujeres de registros nacionales suecos entre 1998 y 2015. El perfil de las mujeres seleccionadas fue de mayores de 49 años que habían sufrido una, dos o tres fracturas por fragilidad entre 2006 y 2012.

El estudio tenía como objetivo estimar el riesgo de fractura osteoporótica mayor posterior a lo largo del tiempo en mujeres que habían tenido una primera, segunda y tercera fractura por fragilidad (cadera, vertebral, radio, húmero) en comparación con un grupo control de mujeres que no habían tenido fracturas previas.

Después de controlar varias características basales como la edad, la dependencia y el uso de glucocorticoides, se observó un mayor riesgo en mujeres con múltiples fracturas en comparación con los controles sin fractura.

En cuanto a las mujeres que habían sufrido dos fracturas previas tenían un riesgo más alto que las que solo sufrieron una fractura previa; la incidencia acumulada a 1, 2 y 5 años de la segunda fractura osteoporótica mayor en las pacientes fue del 6%, 12% y 25%, respectivamente, y para una tercera fractura posterior fue del 10%, 19% y 40%, respectivamente.